Formatear el sonido de tu voz es fundamental si eres locutor, porque para operar en el sector audiovisual se requiere un mínimo de conocimientos informáticos.
Puede que estés empezando o que ya te desempeñes como locutor independiente y que dispongas de tu propio “home studio”. En cualquier caso, ignorar los aspectos técnicos relacionados con sonido digital es arriesgarse a quedarse marginado en este sector, porque tarde o temprano tus clientes te pedirán un determinado formato, tanto a la hora de grabar, como en el momento de enviar tu grabación. Por eso es esencial que estés bien familiarizado con la multiplicidad de formatos que nos brinda el universo digital. La buena noticia es que resulta muy fácil adquirir esos conocimientos.
¿Cuál es el mejor formato de audio?
La respuesta es simple: aquel que no haya sido comprimido, es decir que no haya sido transformado en formatos ligeros como el famoso mp3. Por lo tanto basta elegir entre los dos más usados: el .wav (Windows) y el .aiff (Mac). Prácticamente no existe ninguna diferencia sustancial entre ambos. Lo que importa ahora es la frecuencia de muestreo y la resolución o ratio de bits.
Frecuencia de Muestreo significa la cantidad de veces que tu tarjeta de sonido extrae o graba una muestra de una señal continua. Por lo tanto, cuanto más elevada sea esa frecuencia, más sonido capturará la tarjeta de sonido. Las frecuencias de muestreo o sampling rates más usadas son 44.1 kHz, 48 kHz, 88.2 kHz, 96 kHz and 192 kHz. Para mensajes telefónicos del tipo IVR la frecuencia de muestreo es incluso más baja de hasta 8 KHz, sencillamente porque los ficheros audio deben ser muy ligeros y fáciles de transportar por los hilos telefónicos. Para la grabación de locuciones recomendamos siempre .wav en 48 Khz o sea el formato estándar para cualquier proyecto HD. La frecuencia de 44.1 KHz se sigue usando también profusamente, porque es la calidad de audio que se decidió para la grabación de CD cuando se inventaron a inicios de los años 80. Sin embargo en la era del DVD, Blueray y de las redes 4G de telefonía móvil, no cabe duda que resulta más profesional grabar y entregar en el formato 48 KHz. Dicho esto, el cliente es rey, así que conviene preguntarle en qué formato desea nuestro audio. Lo que haremos será grabar en 48 Khz y luego exportamos al formato que desee. Para ello puedes usar Audacity o Sound Forge.
Resolución viene a ser la riqueza o precisión que logramos al grabar. Puede ser muy diversa, pero vamos a escoger el rango que va de 8 a 16 o 24 bits. La resolución o profundidad de audio tiene que ver con la cantidad de información que la tarjeta de sonido graba de cada muestra: cuanto más elevada sea la resolución, mejor será la calidad del sonido, pero también más pesado será el fichero resultante. Para la grabación de locuciones, la combinación que mejor recoge la dinámica de tu voz es una profundidad de audio de 16 bits con una frecuencia de muestreo de 48 Khz. Si grabamos a una resolución inferior a 16 bits significa que en las pausas podremos oir ruido digital. También sucede que si ese audio de baja resolución es mezclado con efectos o comprimido podrán surgir distorsiones. Por lo tanto apunta siempre a una resolución superior a los 16 bits. Sin embargo si el tamaño de los ficheros es importante, por ejemplo para aplicaciones en móviles, puedes usar 8 bits, pero siempre como formato de exportación, no como formato de grabación.
No sé porque la mayoría de los locutores somos más bien mediocres en matemáticas, aunque usemos matemáticas al grabar sin darnos cuenta. Merece la pena que hagamos un esfuerzo y nos fijemos en como nuestra voz se convierte en miles o millones de líneas de código binario. En sus clases de locución, Alison Creek explica este proceso en términos fáciles y amenos, aunque claro en inglés, en este artículo: Bits and Bytes, Understanding Digital Jargon for your Home Voice Over Recording Studio.
Una vez que hayas grabado, te recomiendo que entregues un fichero con audio normalizado. Esto significa que el audio final master, no comprimido, en formato .wav or .aiff deberá cumplir un proceso sencillo pero fundamental para que presente una calidad profesional. Basta que sigas los siguientes pasos:
1) Una vez que hayas grabado y realizado una primera edición (solo eliminando los errores), copias el fichero máster y lo pegas en una pista differente, la pista de post-produción.
2) En la pista de post-producción, aplicamos un plugin que aparece en la mayor parte de programas de audio. Se denomina Vocal Leveler (lo tienes por defecto en ProTools por ejemplo). Este plugin reduce el rango dinámico de tu grabación, sin comprometer la calidad de audio. En claro, lo que hace es evitar los picos que crean distorsiones indeseables. El VL es un compresor liviano. Por cierto evita la tentación de usar un compresor, le crearás un problema a tu cliente.
3) Una vez que hayas nivelado tu audio, aplicas otro plugin, el Normalizer (también incluido en el paquete Audio Suite de Protools, y en la mayoría de software de audio). Debes poner el Normalizador en -2dB y luego renderizarlo, activarlo. A condición que uses la frecuencia de muestreo y la resolución adecuadas (48 Khz, 16 bits, mono), el resultado será perfecto para cualquier aplicación: Internet, HD e incluso para difusión en TV.
4) Después de haber normalizado, puedes proceder a realizar la edición final, aquella que elimina las respiraciones demasiado sonoras, los sonidos salivares y ruiditos que se cuelan por el micrófono.
¿Qué hacer con el famoso formato mp3?
Este sistema de codificación de audio patentado por el instituto Fraunhofer de Alemania es por definición un formato muy comprimido. Su algoritmo inteligente elimina muchos componentes innecesarios del sonido, sin dañar la calidad del audio. Este formato es ideal para entregar tus muestras de voz. Como es muy ligero te permite entregar los demos a través de un simple e-mail. Sin embargo, seguimos recomendando grabar la muestra en .wav o .aiff y luego convertir a mp3 con resolución elevada. Esta operación te permitirá reducir hasta 6 veces el tamaño de la muestra, sin alterar prácticamente su calidad. Hay otra ventaja en favor del mp3 como el formato ideal para muestras: se puede reproducir en cualquier dispositivo o programa.